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Por Gustavo Barría, Director de Aysén Ahora

Hace algunos años, en conversaciones que quizás para algunos ya quedaron en el olvido, pero que para mí siguen vigentes, escuché a Peter Flores y Hugo Rubilar coincidir en algo que hoy cobra aún más relevancia: la urgente necesidad de que la cámara hiperbárica —presente en nuestra región— deje de ser un recurso exclusivo para los trabajadores del mar y pueda ponerse al servicio de toda la comunidad.

Ambos reconocían lo que muchos profesionales de la salud también sostienen: que esta tecnología puede literalmente salvar vidas. Su uso no debe limitarse solo a la descompresión de buzos, cuando su efectividad está comprobada en múltiples tratamientos médicos, como intoxicaciones por monóxido de carbono, heridas crónicas, pie diabético, quemaduras o infecciones severas.

Sabemos que hoy existe un convenio vigente para ciertos trabajadores. Pero también sabemos que muchas personas en la comunidad han necesitado esta atención y simplemente no han tenido acceso. ¿Es justo que algo que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte dependa de un criterio tan restringido?

Es hora de avanzar. De que alguna empresa privada, junto a una institución pública o del área de la salud, puedan firmar un convenio de colaboración que permita ampliar su uso. Es posible. Solo se necesita voluntad, compromiso y sentido común.

Desde Aysén Ahora hacemos este llamado, no como una crítica, sino como una invitación a mirar con sensibilidad las necesidades de las personas. La cámara hiperbárica está ahí. Usemos todo su potencial para cuidar a quienes más lo necesitan.