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Desde Lagos-Bachelet en 2005-2006 que no existe continuidad en el signo del gobierno, respecto de que una misma coalición política gobierne, al menos, dos períodos consecutivos en este caso, 20 años de gobierno de un mismo signo (1990-2010).

Esta realidad, reveló varios aspectos que modificaron la convivencia política (por cierto las reformas) junto a la percepción que la gente ha adquirido respecto de los liderazgos, gobernantes y partidos políticos.

En primer lugar, se agotaron los proyectos de largo plazo, se agotaron las coaliciones estables, se agotó el relato de la transición desprendiéndose aquellos amarres románticos, que dieron paso a aventuras personales criticando todo lo obrado. Lo anterior,  junto a la masificación total de las redes sociales en los smartphones, transformó a la política en el show de la inmediatez, en el discurso personalizado a tu celular, prometiendo solucionar todo con mágicas fórmulas.

Así vino Sebastian Piñera a hacerse cargo del país, con los pendrive y recado a los delincuentes. Gobierno con buenas cifras económicas, pero pobre en relato político, desorden en las filas técnicas y políticas. Resultado; debut y despedida como oficialismo de la derecha chilena, siendo un paréntesis en la hegemonía gobernante de centro izquierda.

Llegó nuevamente Bachelet con una coalición ajustada a la izquierda, debido a que la anterior quemó aceite, junto a decenas de jóvenes millenials que con un iphone, cursos en Fundación Techo o trabajos voluntarios en Cuba, estaban convencidos de la superioridad moral para reemplazar a los arquitectos de la transición chilena. Aun así, a pesar de la enorme expansión del gasto público, reformas denominadas como emblemáticas, la coalición de izquierda pierde la elección con profundas fracturas y personalismos desatados. Regresa Sebastian Piñera.

Dicho gobierno sólo podría evaluarse en los primeros 18 meses como competente en lo político-técnico. Luego el estallido social y la posterior pandemia, hicieron pasar a tercer plano esta administración.

Fue en este periodo que se forjó la generación millennials en la política nacional, con su máximo esplendor en el triunfo del actual Presidente Boric y variadas figuras públicas, gracias al iphone, instagram y tiktok. A partir de aquello, superada la pandemia y con supuesta nueva carta fundamental, se auguraba que esta generación si, jubilaba a las anteriores. Pasaron sólo seis meses y el motor comenzó a recalentarse, por el lado del ministerio del interior, luego la dura derrota en el plebiscito y la ida a Siberia del Sr. Jackson terminaron con el Gobierno el que pasó a ser una mera administración y centro de práctica, el que termina en menos de dos meses.

¿Qué se espera ahora de esta nueva etapa con Jose Antonio Kast, ganando en segunda vuelta con casi el 60% de los votos? Mucho se ha dicho de sus prioridades y seguro que se abocará desde el primer día; gestión y eficiencia en tareas de seguridad, migración, orden público y crecimiento económico. Es probable y posible que esté a la altura y se cumplan medianamente estos cometidos, condición necesaria…para que? Aqui esta el desafio. Después de 15 años cambiando de un signo a otro en solo cuatro años, es necesario que la derecha democrática junto la centro derecha logren proyectar al menos 8 años de Gobierno que permitan reformas profundas que mejoren los estándares de gestión de las instituciones públicas, se recupere la confianza en lo público, se normalice un ciclo sano de crecimiento e inversión, se recupere el respeto por la palabra empeñada, se priorice la estabilidad de una coalición política por sobre el descuelgue solitario, es decir se aprenda a convivir en el arcoiris del ciclo 2026-2030-2034-2038 donde los desafíos no son de autocomplacientes y autoflagelantes, ni tecnócratas y políticos, sino que es competir, ganar y ser creíble en la cultura de hacer las cosas bien, re-valorando lo público desde la democracia liberal, propiciando el respeto por la política.

El presidente electo, que seguramente ya eligió a su gabinete, tiene todas las condiciones para ser el artífice de la proyección, entregando la banda presidencial a su mismo sector. Hoy, varios cruzaron el rubicón, no hay que tener miedo de convivir en el arcoiris de la diversidad, 8 o 12 años de horizonte político tienen la capacidad de ordenar bajo principios, objetivos y postas que llegarán en su momento para cada sensibilidad.