El cambio de mando presidencial siempre implica tiempos de instalación, ajustes de equipos y nombramientos que se van completando gradualmente. Es comprensible que algunas autoridades se designen durante los primeros días y semanas de una nueva administración.
Pero lo ocurrido este 11 de marzo no tiene precedentes.
El país inicia el mandato del Presidente Kast sin secretarios regionales ministeriales ni delegados presidenciales provinciales designados. En administraciones anteriores, hemos visto la designación gradual de los Seremis durante los primeros días de gobierno. Lo que nunca había ocurrido desde el retorno a la democracia es iniciar un gobierno sin delegados provinciales.
Los delegados presidenciales provinciales (antes gobernadores provinciales) son los representantes directos del Presidente de la República y del Ministerio del Interior en cada provincia. Les corresponde coordinar los servicios públicos, articular la acción del Estado frente a emergencias y encabezar la respuesta institucional ante situaciones de seguridad, catástrofes naturales o conflictos sociales.
Cuando ocurre un incendio, una inundación, una protesta o un hecho delictual grave, la ciudadanía espera que exista una autoridad en el territorio que coordine a los servicios públicos y represente al gobierno frente a la comunidad.
Es cierto que el Estado tiene mecanismos de subrogancia. Cuando una autoridad no ha sido designada, otros funcionarios asumen temporalmente esas funciones para asegurar la continuidad administrativa. El problema, por tanto, no es solo un vacío formal. Lo que hoy falta es el liderazgo político.
Ya vimos un ejemplo del riesgo. A través de redes sociales se informó de una reunión de coordinación encabezada por la nueva delegada presidencial regional, Luz María Vicuña, junto a SENAPRED, para abordar una alerta meteorológica prevista para este sábado en la zona insular norte de la región. ¿Lo más llamativo? No había contrapartes. No hay secretarios regionales ministeriales, ni delegados provinciales. Frente a una eventual emergencia, hoy simplemente no existe la contraparte institucional en el territorio para organizar la respuesta.
A ello se suma otro elemento preocupante. Consultada por estas designaciones, la delegada presidencial regional señaló que “me imagino” que los nombramientos se realizarán dentro de las próximas semanas. Más allá de la anécdota, la frase refleja una preocupante ausencia de urgencia frente a un vacío institucional evidente.
El gobierno del Presidente Kast llegó al poder con la promesa de ser un “gobierno de emergencia”. Pero la premura no se ve reflejada en la instalación de sus propias autoridades. Pero las regiones, especialmente Aysén, no puede quedar en pausa mientras el gobierno se organiza.
Tomás Laibe
Cientista político








